lunes, 8 de noviembre de 2021

Digresión




Hay, antes de la calma, otra pausa.

De otro color, iridiscente, como los cromos de Maya.

Se podría decir incluso que luminiscente, como los tentáculos de las bestias abisales.

Habla con un acento como del sur pero muy acelerado.


En sílabas radio de rueda de bicicleta de velocista.

Tiene la textura del líquido y del gas y del granizo rabioso de los lugares donde hace un frío de piedras

como una sorpresa de golpecitos mortales, fatales

sobre las frentes y las margaritas.

O peor, sobre las amapolas. 

Pobres tristes amapolas. Tienen una pausa tan sensible… pero se reproducen rápido, tienen un consuelo. 


Hay, antes de la calma, otra pausa.

Que congela las extremidades y los torsos.

Congela todos los movimientos del cuerpo móvil que cuelga de las sienes.

Vive en las sienes. Centrifuga las sienes. 

Se instala en sus motores eternos como un péndulo mágico.

Tac. Tac. Tac.

Pero mucho más rápido.

Como los motores de los aviones

No he visto nunca los motores de los cohetes. No puedo comparar.


Ahí es un dolor. Antes de la calma, la otra pausa. 

Ahí.

Detrás de los párpados.

Los párpados son en realidad mucho más grandes que los ojos. Abren y cierran cabezas enteras. 

Pero no los vemos. Claro. Solo vemos la sección suave que tapa los ojos por reflejo o por dormirnos. 

Dormimos en un espejo seriado. Temiendo que se rompa y nos corte las yemas de los dedos dormidos. 


Ahí es un dolor. 

Una pausa que duele. 

Por la rapidez y por la circunvolución del movimiento. 

Por la cantidad de lugares que visita. De tiempos que detiene en ellos mismos yendo de uno a otro. 

Una pausa por exceso de movimiento. 

Por escasez extrema de contemplación. De percepción.  

Por eso parece iridiscente y congelada y está detrás de los párpados y a veces tapa las amapolas y las margaritas y las sienes. 


Hablo en esa pausa revolucionada, extrarrevolucionada, suprarrevolucionada. 

Con palabras circulares. 

Y me sale de la boca cerrada un idioma esférico, incomprensible. ¡Pero claro que puede decirse y escucharse en esa pausa!


Saco fotografías en esa pausa dolorosa. 

A todo color, polaroids, y la imagen aparece detrás, negra. La vela el movimiento de la luz. 

El espacio exterior tiene luz, pero anda muy deprisa. A nuestros ojos parece la noche pero es el siempre. 


Escribo en esa pausa dolorosa. 

La caligrafía resultante es ilegible. 

¡Claro que puede leerse y escribirse en esa pausa! Pero muy rápido, muy rápido. 


Los hombres cuerdos hemos aprendido a esquivar esa pausa. Con vino, con una conversación con alguien que sí está quieto. Con enamorarnos. Con reproducirnos. 

Los hombres locos no aprendieron. Tienen siempre una de esas pausas dentro de los párpados. Mueren muy jóvenes, de agotamiento, por desgaste, como las rótulas de los esprinters. Luego conocen, ya muertos, la primera calma. 

Los hombres locos no saben esperar. 

Los hombres cuerdos escriben en la pausa dolorosa. 

Los hombres locos también escriben, pero siempre. 

 

lunes, 1 de noviembre de 2021

Vocabulario


 «La verdad no está en nadie

pero acaso las palabras pudieran engendrarla»

Raquel Lanseros

Decir la muerte

como la dicen los cocos en el aplauso de las cáscaras vacías:

galopando caballos.


Hablar el lenguaje de las ostras.

Lento.

De arena, caricia y saliva.

Decir, en el lenguaje de las ostras:

Perla.


Escribir el aire y la lluvia

con la caligrafía de las nubes.

Siendo el aire y la lluvia

y ninguno.


Pronunciar el tiempo todo junto.

Como la primera pregunta de una araña recién eclosionada.

Y luego 

hilarlo.


Entender la palabra madre 

igual que la entienden los pulpos,

sin haberla oído nunca.


Conocer el significado del vacío

según el diccionario de los agujeros

en el que todas las palabras

quieren decir lo mismo


y nada.


Callar. 

Como un poema escrito en una lengua muerta.


lunes, 25 de octubre de 2021

L'aigua tallada

 









L'aigua tallada. 

I jo amb aquesta set de fer dissabte. I l'aigua tallada. Amb una destral fina com la pluja. D'arrel. Sencera. I jo abeurant de llet la gola seca i regant a glops de vi les buganvilles i eixugant amb paper sec el cafè amb llet estampat a les rajoles de la cuina. I el lleixiu sense aigualir corcant la pica. 

L'aigua tallada. 

I jo amb la pell morena de brutícia i el nas ferit d'olor de sava morta i els mitjons infusionant la fusta sota el llit i els llençols tebis d'insonmi i l'enyor de la cançó dels eixidius, i de les canonades, emmudits per aquesta ressecor d'aigua tallada. 

L'aigua tallada. 

I cap avís de si vindrà més tard a casa la ruixada i una por eixuta a no trobar mai més el raig que salvi de els dissabtes de la mandra. Por del desert i aigua tallada. 

L'aigua tallada. 

I la saliva es va espessint sobre la llengua i els crits queden sense dir o fan sang a la gola o s'empassen fins l'estòmac de ciment. I el mercat negre de les puces a vessar de claus angleses exiliades i els ulls cremats de mirar al cel buscant un núvol i les galledes pels balcons perdent la última paciència i la prudència guardada a les ampolles amb suros encerats. 

L'aigua tallada. 

I les persianes acoixades i un estalvi d'escalfor gelant les cases i un exèrcit de científics recollint el plor dels nens de pit que no es controlen i la incontinència de les àvies i el món fent-se la guerra per un glop i totes les boques i tots els ulls cosits de pena i de terror de perdre engrunes d'humitat. Por del desert i aigua tallada. 

L'aigua tallada. 

La fi del món sense avisar cau en dissabte. Carrers atapeïts de coladors prement els excrements dels llangardaixos. Sectes de bebedors de gasolina incinerant les autopistes. Corrues de paraigües concentrats a la Plaça Catalunya, una epidèmia d'arruges infectades col·lapsant els hospitals. Caixes de pols damunt les lleixes, biblioteques plenes de llibres consumits per l'eixudesa. Contenidors d'ungles i mocs per reciclatge. Tots els caps calbs. Totes les mans amb guants aïllants i els peus igual guardant al cos la sang com si fos aigua. 

L'aigua tallada. 

Supervivents xuclant la baba dels cargols mastegnt fusta llepant els regalims dels fons dels pous i les piscines i les totes parets dels hivernàcles. Vampirs fugint del sol i dels gendarmes. Saquejadors de sex shops acumulant el lubricant a les bombones. L'extinció de les banyeres i dels gots i la molsa i el verdet com pells de serp abandonats per les rieres. L'oblit dels rius i els mars i les tempestes. Les fulles i les flors també oblidades. I la pastilla de sabó. I tot tan brut. 

L'aigua tallada. 

I jo amb aquesta set de fer dissabte. 

lunes, 18 de noviembre de 2019

Mulassa

Construirse en piedra seca
escogido cada bloque por el ángulo del filo
sin cura de argamasa.

Al suelo de tierra barrerle el polvo
y encima, el jergón.

En la cumbre, lirio que enraíce
la certeza del techo
y la paciencia para oler el blanco de las azucenas.

Olvido de ventanas contra el viento.
La sombra solo es fresca a oscuras.


Glosas en el recetario


-->

Cocinar para uno es sencillo:
solo necesitas un buen congelador.
El resto, como siempre.

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Te esfuerzas en el aliño.


Añicos de cristales robados al mar.

Momias de picante trituradas.

Exprimida hasta al hueso la aceituna.

Encerrado el vino en la acidez.


Y le echas la culpa al verde,
de que le falte vida a la ensalada.


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Hay que saber distinguir el aguacate mustio del maduro
El esplendor llega con el tiempo.
El marchitarse, con el tiempo en la nevera.

Curas intensivas


¿A ti se te cura el rastro?

Ya he probado la saliva y ni la mía cicatriza.
Con el olvido no he logrado ser constante.
Mi abuela se llevó a la tumba el alijo de esos besos.
El mar me da miedo donde cubre.
No aguanto al sol más que hasta junio.
Me despierto a gritos del bálsamo de engaño y aun no es de día.
Se me cae el emplasto de rutina antes del sábado.
Cada domingo declamo los prospectos.

Y ahí sigue,
sangrando.

Ready made


—como una fuente de Duchamp
—como la nota en la nevera de William Carlos William
—como el libro masticado de Latham


Soy Obra.
Enmarcada por un óvalo de abrazo.
Colgada del punto de fuga de dos ojos.
Expuesta,
soy Obra.

En las afueras,
mezcla de materia sin sustancia.
Como todas las cosas que son

sin crítica.

miércoles, 4 de septiembre de 2019

La otra noche

La otra noche soñé.
Esta, la mía, es tan larga y tan cerradas las persianas y tanto viento fuera, que no tiene sueño.
La otra noche la veo apagarse en tu ventana abierta y, si cierro los ojos y hago brisa, encendérsete un cuento.
Te la deseo buena, otra, mía.

Yo no sé pintar

Le pido a la Palabra que deje de quejarse
de ser negra y porosa y sonar a rasguño y oler a tinta
que saque colores y pinte
macarrones a medio rebañar el plato
el llano azul si se calla el viento
la simetría que rompe el logotipo en las tapas metálicas del alcantarillado.

Pero, ¿lo ves?
quiere dibujar y se le escapa la Letra
de debajo del olor a queso gratinado dulce y salado
por entre el tacto imantado de sal después del baño
con la falta de impresionismo en el gris ciudad

Y yo no sé pintar.
Solo palabras.

Después de 'La luna de Júpiter'

Si un hombre pudiese volar
lo perseguirían
los locos
los médicos
los soldados
las mujeres
los dueños
y estallaría la guerra que llevan siglos luchando
como los últimos tres truenos después del aplauso.
Un grito de muchos en cualquier caso. Insignificante.
Lo importante es que si un hombre pudiese volar
se rompería contra Júpiter
y todos los demás
locos médicos soldados mujeres dueños
recordaríamos cómo mirar al cielo.